Te invitan a una cena en la que te presentan a un tipo que no conoces de nada y que te cae fatal por la forma en que te ha estrechado la mano. Te pasas toda la noche riéndole sus gracias sin gracias, y cuando te acuestas, te quedas con los ojos abiertos buscando en la oscuridad el techo.
Eso que escribes es una mierda—, me dijo mientras se limpiaba la espuma de la cerveza del bigote y se comía otra aceituna (negra). Torcí el gesto porque pensé que se ofendería si le daba las gracias.